Es una señal de los tiempos que un talento como el de Antonio Villeroy haya estado en la zona fantasma de la música popular brasileña durante tanto tiempo. O que, sin mucho escenario o público en su propio país, estos no le faltaran en más de 200 presentaciones en festivales, casas de jazz y bares de Alemania, Austria, España, Inglaterra, Italia, Portugal, Suiza y Francia en los últimos 12 años. En Francia (de donde los primeros Villeroy, un día, zarparon hacia Brasil y se establecieron en Rio Grande do Sul), Antonio también fue el idealizador y coproductor, desde 1996, del Brasil Festival, el mayor evento regular de música brasileña en Europa, incendiando la mediterránea Sanary Sur Mer, al sur del país - un mega-show a orillas del mar, gratis, para volver locos a los gringos, un verano sí y otro no. ¿Lo dudas? Convidados por Antonio, ya pasaron por el festival Gilberto Gil, Milton Nascimento, Jorge Benjor, Lenine, Daniela Mercury, Elba Ramalho, Chico César, Ana Carolina, Carlinhos Brown, Fernanda Abreu, el Pagode Jazz Sardinha's Club, el francés Henri Salvador y exponentes de cualquier otra tendencia de la música brasileña que te puedas imaginar. Una vez más, es una señal de los tiempos que, con tanta música bulléndole en la cabeza y en los dedos, Antonio gaste una energía considerable produciendo música ajena. Pero es también una señal de su generosidad y grandeza - al final, quien tiene tanto para dar puede permitirse esos lujos. Y talvez sea este uno de los motivos por los cuales, desde hace algún tiempo hayas escuchado mucho a Antonio Villeroy, inclusive en la banda sonora de películas y novelas, pero continúas sin saber el origen de tanta riqueza - porque su música viene en las voces privilegiadas de Maria Bethânia, Ivan Lins, Luciana Melo, Preta Gil, Paula Lima y muchos más. Y, claro, en la de Ana Carolina, cuya carrera está unida a la de Antonio como esmalte y uña. En 1997, la oyó cantar en un bar en Belo Horizonte y, allí mismo, en una servilleta, entre tazas y copas, le escribió un canción: Garganta. Dos años después, ya en Rio, la cantante quiso incluir Garganta en su primer disco por la BMG. El director de la discográfica se opuso, alegando que el compositor era desconocido. Pero ella se mantuvo firme y grabó la canción así mismo. Hizo bien, porque Garganta se convirtió en el tema de la telenovela Andando nas nuvens y la proyectó nacionalmente. Desde entonces, Ana Carolina se ha vuelto casi una especialista en Antonio - en el último CD de Ana, Perfil, que ya facturó tres discos de platino, él aparece nada menos que con siete composiciones.
Todo esto está muy bien, pero los tiempos cambian. Llegó la hora de que Antonio Villeroy venza la modestia y de un paso a delante con su guitarra, rumbo al arco de luces, para que todos lo vean y lo reconozcan no solamente como un proveedor de materia prima, sino como apurado intérprete de si mismo. Y, por lo que muestra este DVD/CD Sinal dos tempos - En vivo, hay mucho que elegir. Los expertos podrán quedarse con las sorprendentes armonías de 'Sinal dos tempos' o de 'Amores possíveis'; otros se dejarán llevar por las melodías de líneas largas y lánguidas, como las de 'É onde o seu lugar' o 'Ela não sabe dizer adeus'; y otros se animarán con la agilidad y destreza de letras como las de 'Música no gravador' o la concretista 'Etnicpunklingua'. Yo prefiero todo al mismo tiempo, porque es el conjunto lo que hace tan rica y elaborada la obra de Antonio - y hace de 'São Sebastião', por ejemplo, un clásico instantáneo, un gran homenaje a Rio, a la altura de las mejores canciones sobre la ciudad.
Nacido casi en la frontera, en São Gabriel, a un palmo de Uruguay y de Argentina, el gaucho Antonio desconoce límites cuando se trata de crear música. Para él, no hay marcos que separen el samba ('Um dia pra vadiar') de la bossa nova ('Majestade'), de la tonada campesina ('Da laia do Lama') o incluso del tango ('Garganta'). En cuanto a las lenguas, puede ser el italiano de 'Siamo cosi', el español de 'Una louca tempestad' o el inglés y el francés que también ya usó en otras ocasiones. Y, como intérprete, le da igual que la música y la letra sean solo suyas, o de maestros como Donato y Gil ('A paz') o Discépolo y Mores ('Cafetin de Buenos Aires') - Antonio se apropia de ellas y las hace suyas.
Sinal dos tempos - En vivo, grabado con la Orquesta de Cámara del Teatro São Pedro, de Porto Alegre, es el reingreso de Antonio Villeroy en la atmósfera de su país - y, ahora, más fulminante, porque es a bordo de su propio talento.